Mira, me he dado cuenta que he vuelto a escribir en castellano. Que así sea entonces. Ya que Lluís está muy ocupado con sus fotos, no le quedan ni tiempo ni ganas para desplegar sus dotes literarias y me temo que os tendréis que conformar con mis humildes aportaciones…
I´ll write a few days in Spanish and then I´ll go back to English, OK?
Lo que nos sorprende de Saigón es que carece de “casco antiguo”. Nosotros dando paseos, en busca de callejuelas, rincones oscuros y placitas coloridas, pero sólo encontramos calles y avenidas anchas y rectas. Aún así tienen su encanto estas avenidas con su tráfico sin reglas, parecido al de Hanoi. También lo tiene el barrio (Pham Ngu Lao) donde estamos alojados, lleno de bares, restaurantes, puestecitos de comida y tiendas de souvenirs. Igual que el barrio chino, con sus pagodas apretadas entre casas normales, farmacias de medicina china y restaurantes chinos.
Una pagoda preciosa (no me acuerdo del nombre):



Durante la búsqueda de las pagodas indicadas en la guía, nos encontramos de repente delante de una casa antigua, guapísima, completamente hecha de madera. Ya que no hay mención de ella en la guía, ni hay cartelito ni nada, pero parece abierta al público, nos acercamos tímidamente a la entrada. Enseguida nos acoge un señor mayor, que está encantado de poder hablar en francés, ya que él hizo sus estudios en Francia. Con mucho entusiasmo nos enseña toda la casa, que era de sus antepasados de la dinastía Ming. Con el cambio de dinastía, su familia tuvo que huir a la China. Luego él volvió y se hizo cargo de la casa. Después de la visita, nos ofrece un té y nosotros hacemos una donación para el mantenimiento de la casa (que una señora de limpieza no estaría demás).
El amable señor delante de sus antepasados:
Otro día visitamos el War Remnants Museum, que expone todo lo que te puedes imaginar refente a la guerra de Vietnam: armas, tanques, helicópteros, cartas de soldados del Vietcong, fotos de víctimas del químico “Agent Orange” y hasta un feto deformado. Salimos – y con nosotros un montón de guiris más – en silencio y tocados por el recuerdo de las barbaridades que hicieron los americanos durante la guerra.
También fue interesante ver el Palacio de la Reunificación, construido en los sesenta como Palacio Presidencial, pero ahora está prácticamente en desuso, desde que los comunistas entraron en 1975, el día de la rendición de Saigón. Lo bueno aquí es que todo lo dejaron tal cual fue ese día, con mobiliario de los 60-70 y todo.

España (Tay-Ban-Nha) contribuyó a la lucha contra los comunistas con 12 soldados (´taban apañaos esos!)
Una mezquita muy mona en el barrio pijo de la ciudad, donde nos tiramos mas de 1 hora haciendo fotos de todos sus rincones:
La idea fue irnos el 30/08, pero nos gustó tanto la ciudad que decidimos quedarnos un día más… Algunas “street images” de Saigón:





We decided to give Saigon one more day (but only one, since the next day, 31/8, our Vietnam VISA expired) in order to visit the Dam Sen Park and the Giac Lam Pagoda. Let me quote what Lonely Planet says about the park:
Dam Sen Park administers a dose of slightly bizarre fun. Giant animals made of coconut shells are outdone only by the ones made of CDs. Within the park´s landscaped gardens embellished with lakes, bridges and pagodas, you´ll find an ice block wonderland inside an enormous freezer-room, cafés and gift shops, and a roller coaster. Sunday afternoons find couples napping on lawns while others, dressed in formal wedding regalia, have professional portraits taken.
Now wouldn´t you think that it is a nice park with original statues where you can find some shade on a hot day? Well… It turned out to be the most ¨kitsch¨ attraction park I´ve ever been to, with dragons, a cactus garden, a waterfall slide (one up, one down and being splashed with water), an enchanted castle, a hall with ice statues, and some poor old tied-up elephants, walking rounds in their own… Of course, every attraction had to be separately paid for, but since every attraction was so poor on the outside, we didn´t really want to find out what it was like inside.
The Giac Lam Pagoda wás true to its description as a haven of peace and meditation. That much so, that I almost fell asleep on one of the comfortable wooden chairs inside the Pagoda, dosing off on the sound of the chants of the monks.
And then it was time to pack our suitcases again to be ready for the trip to Cambodia the next morning.



